24/11/07

¿CREEIS O NO?

Quisiera que considerarais conmigo estas preguntas: Si hubierais vivido en Jerusalén, en los días de Jesús, ¿lo habríais aceptado como el Hijo de Dios en la misma forma en que lo aceptaron Pedro y los demás Apóstoles? ¿O habríais dicho que estaba poseído por un demonio y hacía milagros por el poder de Belcebú, como Anás y Caifás afirmaron?Si hubierais vivido en Nazaret, Canaán o Capernaum, ¿habríais creído en la nueva religión que predicaba el pequeño grupo de pescadores? ¿O habríais seguido en las tradiciones de vuestros antepasados, en las cuales no encontraríais la salvación? Si hubierais vivido en Corinto, Efeso o Roma, ¿habríais creído en el extraño evangelio que predicaba Pablo? ¿O habríais puesto vuestra confianza en las extravagancias, tradiciones y forma de adoración que prevalecían en ese entonces? Si vivís actualmente en Nueva York, Londres o Madrid; si vivís en Buenos Aires, Lima o Caracas, o en cualquier otra parte del mundo, ¿aceptaréis esta nueva, pero antigua religión, este nuevo pero antiguo evangelio, este nuevo pero antiguo modo de vida que Dios ha vuelto a revelar en nuestros días? ¿O apoyaréis y favoreceréis iglesias que ya no guardan ninguna semejanza con aquella que se estableció entre los primeros santos? Si escucháis una voz profética, si se expresa en vuestra presencia un testimonio apostólico, si los siervo del Señor os dan un mensaje de su Maestro, ¿cuál será vuestra reacción? ¿Creeréis o no? Si se os dice con solemnes palabras que José Smith fue un elegido de Dios, que por medio de él se ha restaurado la plenitud del evangelio eterno y que el Señor ha establecido una vez más su Iglesia entre los hombres, ¿creeréis el mensaje enviado desde los cielos? ¿O, al igual que Anás y Caifás, os mantendréis entre la mayoría entregando vuestra salvación eterna a las diversas religiones que abundan por doquier y que han sido creadas por los hombres? Con el antecedente de todas estas preguntas, quisiera ahora tomarme la libertad de hacer esta solemne declaración: Somos los siervos del Señor, y El nos ha dado un mensaje para llevar a todas partes y a todo ser humano. Somos débiles, sencillos, e indoctos. Solos, nada podemos hacer; pero con la fortaleza que nos da el Señor, no podemos fracasar. Es Su poder lo que nos sostiene y nos guía. Sabemos lo que el futuro nos depara; sabemos de las guerras, plagas y desolación que muy pronto asolarán la tierra como un fuego devorador. Esta es una época tenebrosa de pesar y aflicciones. Los cielos se oscurecen; los hombres desfallecen a causa del temor (véase Lucas 21:26); reina la confusión en las naciones, que no saben en dónde procurar paz y seguridad. Esta es una época en la que hombres dementes que tienen gran poder, súbitamente, en un instante, pueden desatar armas tan terribles que millones de personas morirían asesinadas entre la salida y la puesta del sol. No ha habido época más aterradora que la nuestra. La iniquidad abunda; todas las perversiones y la maldad de Sodoma encuentran sus fieles seguidores, y la palabra de revelación nos asegura que hasta la venida del Hijo del Hombre las condiciones han de empeorar, y no mejorar. A causa de la corrupción y las maldades que cubren la tierra; a causa de que el hombre se ha apartado de las ordenanzas del Señor y roto su convenio eterno; a causa de que muchos siguen los malos hábitos del mundo y son carnales, sensuales y diabólicos; a causa de todo esto, el Señor nos ha dado un mensaje para nuestros semejantes:"Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra", dijo, "llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos." (D. y C. 1: 17.)Entonces, ¿cuál es nuestro mensaje? Es el mensaje de la Restauración. Es la buena nueva de que Dios misericordioso ha restaurado la plenitud de su evangelio sempiterno. Es la palabra santificada de que todos los seres humanos pueden salvarse obedeciendo las leyes y ordenanzas del evangelio. El mensaje de la Restauración incluye tres grandes verdades, verdades que deben ser aceptadas por toda persona que quiera salvarse, y que son las siguientes: Primero, la ascendencia divina de Cristo; segundo, la divina misión del profeta José Smith; y tercero, la veracidad y divinidad de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Y así es que el Señor nos ha mandado a declarar las buenas nuevas, a predicar su evangelio, a elevar una voz de advertencia, a decir lo que El diría si estuviera otra vez ministrando entre los hombres, como ya lo hizo. Nuestro cargo, nuestra posición, nuestra divina comisión, no son diferentes de los de los profetas y Apóstoles de antaño. También nosotros somos los agentes del Señor, sus embajadores; al igual que ellos, somos administradores legales con el poder de sellar en la tierra y que lo mismo quedara sellado eternamente en los cielos. Es común oír a algunas personas afirmar que los mormones no somos cristianos, y poner en duda que creemos en el Señor Jesucristo y que estamos aliados con El en su causa. Si el ser cristiano significa creer en Cristo y aceptarlo como el Hijo de Dios en el pleno sentido de la expresión; si significa poseer el verdadero evangelio en su plenitud eterna; si significa creer lo que Pedro y Pablo creyeron, y procurar la hermandad en la misma Iglesia de la cual ellos eran miembros; si significa alimentar al hambriento, vestir al desnudo, amar al prójimo y mantenerse "sin mancha del mundo" (D. y C. 59:9), ¿en dónde encontraremos mejores cristianos que entre los Santos de los Últimos Días? Permitidme deciros con toda la solemnidad y claridad que el idioma lo permita, que nosotros creemos en Cristo y luchamos con todo nuestro poder por obedecer sus mandamientos. El es nuestro Señor, nuestro Dios y nuestro Rey, y es su evangelio el que hemos recibido. Nosotros hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos a Cristo, profetizamos en su nombre (véase 2 Nefi 25:26); y sabemos que el suyo es el único nombre bajo el cielo en el que el hombre puede ser salvo. (Véase Hechos 4:12.) Nosotros enseñamos y testificamos que El es el Primogénito del Padre, el que es semejante a Dios; que El mismo es el Señor Omnipotente, el gran Jehová, el Creador de esta tierra y de toda forma de vida que hay en ella. Nosotros sabemos que El es el Dios de Israel, el prometido Mesías, el Unigénito del Padre. Nosotros sabemos que el Señor Jesús hizo de la carne su morada (véase D. y C. 93:4), que María fue su madre y Dios fue su Padre, y que de su madre heredó la condición de ser mortal y de su Padre el poder de la inmortalidad. Esta naturaleza dual, esta ascendencia mortal y también divina, fue lo que le permitió llevar a cabo la infinita y eterna expiación y rescatar al hombre de la muerte espiritual y de la temporal que trajo al mundo la caída de Adán. También es común oír la afirmación de algunas personas de que nosotros, los mormones, estimamos tan altamente al profeta José Smith que aun el Señor Jesucristo queda en segundo lugar. Es cierto que José Smith es uno de los varios profetas que se han destacado entre todos los hombres por su grandeza y su estatura espiritual. Es cierto que el lugar que ocupó en la jerarquía celestial hace de él un Profeta de profetas y un Vidente de videntes, a la altura de Enoc, Abraham y Moisés. Pero la salvación está en Cristo, no en Abraham, ni en Moisés, ni en José Smith. Todos los profetas son siervos del Señor. Ellos tienen el ministerio de enseñar Su palabra y hacer Su voluntad; ellos predican Su evangelio y efectúan Sus ordenanzas. Su misión es llevar almas a Cristo. Y ésa, exactamente, fue la misión de José Smith. El vio a Dios; los ángeles le enseñaron, y ante sus ojos se abrieron visiones de la eternidad. Por medio de él fue restaurado el evangelio y a él el Señor le entregó las llaves del reino. Para este día, esta época, esta dispensación, José Smith es el revelador de Cristo, el que dio el conocimiento que permite lograr la salvación. Bajo la dirección del Señor, organizó "la única Iglesia verdadera y viviente" sobre la faz de la tierra. (Véase D. y C. 1:30.)La Iglesia es un grupo organizado de creyentes; es la congregación de aquellos que han aceptado el santo evangelio, y el evangelio es el plan de salvación. El Sacerdocio Mayor lo administra; la Iglesia es el medio por el que se manejan los asuntos del Señor en la tierra y a través del cual se hace posible la salvación para todos los que crean y obedezcan. Así es que nosotros, como siervos del Señor, obedientes a su mandato, llevamos su mensaje al mundo. Damos testimonio de Cristo, tal como José Smith nos lo dio a conocer, e invitamos a todas las personas a creer en Su evangelio, a unirse a Su Iglesia y a hacerse herederos del reino donde moran El y su Padre. Así como les pasaba a los profetas de antaño en sus ministerios, lo mismo nos sucede a nosotros. Como ellos, también decimos: "Arrepentíos" y creed en el evangelio, "porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:2). Abandonad la Babilonia del pecado y huid hacia Sión; buscad refugio en una de sus estacas. Estaos "en lugares santos" (D. y C. 45:32) y preparaos para la segunda venida del Hijo del Hombre. La salvación es para aquellos que acepten el verdadero evangelio y obedezcan sus leyes, para aquellos que busquen al Señor en poderosa oración hasta que El derrame su Espíritu sobre ellos. El apóstol Pablo dijo:"¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?" (Romanos 10:14-15.)Verdaderamente, "la fe es por el oír" la palabra de Dios enseñada por un administrador legal, que ha sido llamado por Dios. (Véase Romanos 10:17.) Así como en la antigüedad, también hoy le place "a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Corintios 1:21.)*Nuestro mensaje es de gozo, y regocijo, y gloria, de honor y de triunfo. Los verdaderos creyentes se regocijan siempre en Cristo y en su evangelio. No queremos decir con esto que todo el que acepte el evangelio restaurado escapará a las guerras, plagas y desolaciones de los últimos días. Pero afirmamos que todos sus pesares y sufrimientos serán sobrepasados por el gozo que el evangelio le proporcionará. En los días que nos esperan, algunos de los firmes y fieles perecerán, junto con los inicuos y malvados. Pero ¿qué importa si vivimos o morimos una vez que encontramos a Cristo y El puede sellarnos como suyos? (Véase Mosíah 5:15.)Si arriesgamos nuestra vida en la causa de la verdad y la justicia, o en defensa de nuestra religión, nuestra familia, y nuestra libertad, ¿por qué hemos de temer? No nos aferramos a la vida codiciosamente, ni tenemos temor del futuro. Una vez que aceptamos el evangelio y nos hemos reconciliado con Dios por la mediación de Cristo (véanse Romanos 5:10 y Jacob 4:11), ¿qué importa si nos llama a los reinos de paz para esperar allí nuestro legado cuando ocurra la resurrección de los justos? Al tener nuestra esperanza en Cristo, sabemos que nos levantaremos en gloriosa inmortalidad para estar con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de Dios, para ya no salir nunca de él. Isaías expresó lo siguiente:"¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?" (Isaías 53:1.)¿Quién creerá en nuestras palabras y quién escuchará nuestro mensaje? ¿Quién honrará el nombre de José Smith y aceptará el evangelio que fue restaurado por medio de él? A esto respondemos: Las mismas personas que hubieran creído en las palabras de Jesús y de los Apóstoles y profetas de antaño, si hubieran vivido en esa época. Si creéis en las palabras de José Smith, también habríais creído en lo que Jesús y los Apóstoles dijeron. Si rechazáis a José Smith y su mensaje, también habríais rechazado a Pedro y Pablo con el suyo. Si aceptáis a los profetas que el Señor os envía en vuestra época, en esa forma también aceptáis al Señor que los envió. Si rechazáis el evangelio restaurado y le encontráis defectos al plan de salvación enseñado por aquellos a quienes Dios ha enviado en estos últimos días, habríais rechazado esas mismas enseñanzas vertidas por los labios de los profetas y Apóstoles de la antigüedad. He hablado claramente de la obligación que tenemos, como siervos del Señor, de proclamar al mundo el mensaje de la restauración. Y lo estamos haciendo en la medida que nuestro tiempo, talentos y medios lo permiten. Pero, ¿qué pasa con aquellos a quienes se envía el mensaje? ¿Qué pasa con esos otros hijos de nuestro Padre que todavía no han aceptado a Cristo y su Evangelio, tal como José Smith los dio a conocer? ¿No tiene toda persona en la tierra la obligación individual de buscar la verdad, de creer en la verdad, de vivir la verdad? Invitamos a todas las personas, de toda secta, partido y denominación, a meditar en las siguientes preguntas:¿Siento hambre y sed de justicia, como los santos de 1 la antigüedad?¿Tengo amplitud de criterio y deseo de examinarlo todo y retener, aquello que es bueno? (Véase 1 Tesalonicenses 5:21.)¿Tengo el deseo de recibir nueva luz y verdad desde los cielos, la luz y verdad que provienen de un Dios misericordioso, ante cuya vista un alma es tan preciosa ahora como lo era en el pasado?¿Tengo valor moral para averiguar si José Smith fue en verdad llamado por Dios? ¿de saber si él sus sucesores tuvieron las mismas llaves del reino de Dios que tenían antaño Pedro, Santiago y Juan?¿Estoy deseoso de pagar el precio de la investigación y obtener revelación personal que me indique lo que debo hacer para lograr la paz en este mundo y ser heredero de la vida eterna en el mundo venidero? Testificamos que Dios nos ha dado su evangelio sempiterno, e invitamos a todas las personas a venir y participar con nosotros de sus bendiciones. En el nombre de Jesucristo el Señor. Amén.


Para aclarar mejor este concepto citamos la explicación dada por el élder McConkie de este pasaje de 1 Corintios: "A Dios se le conoce sólo por revelación. Toda la sabiduría del mundo combinada no puede darlo a conocer.¡ o nos es revelado, o permanecerá desconocido para siempre. La religión es algo del espíritu y sólo se da a conocer por revelación; de ahí, que sea 'locura' o necedad para la mente carnal. Y, por lo tanto, los únicos ministros que pueden salvar por medio de su prédica son aquellos a quienes Dios se ha revelado y que predican por la influencia del Espíritu. (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary -Comentario doctrinal sobre el Nuevo Testamento tomo 2, Salt Lake City: Bookcraft, 1970, pág. 315.)

13/11/07

El Poder Purificador de Getsemanimiércoles

El 27 de septiembre de 2006 Bruce Reed McConkie, uno de los mas conocidos apóstoles de los tiempos modernos, terminó su llamamiento en la tierra en el año 1985.Unos días antes, había sido la conferencia general de la Iglesia, en esta conferencia, elder McConkie, a pesar de sus dolores y sufrimientos, se paro ante lo santos para entregar su ultimo mensaje, el mas importante de todos, su testimonio de Jesucristo.


EL PODER PURIFICADOR DE GETSEMANÍ
élder Bruce R. McConkiedel Quórum de los Doce Apóstoles"


"Yo siento, y el Espíritu parece concordar conmigo, que la doctrina más importante que puedo declarar, y el testimonio más poderoso que puedo compartir, es el del sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. Su expiación fue el acontecimiento de mayor trascendencia que ha ocurrido o que jamás ocurrirá desde el alba de la Creación, a través de las edades de una eternidad sin fin. Es el acto supremo de bondad y gracia que solamente un Dios podría realizar. Por medio de la expiación, se pusieron en vigor todos los términos y condiciones del eterno plan de salvación del Padre. Mediante ella, se llevan a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre y toda la humanidad se salva de la muerte, del infierno, del diablo y del tormento eterno. Gracias a ella, todos los que crean en el glorioso evangelio de Dios y lo obedezcan; todos los que sean verídicos y fieles y venzan al mundo; todos aquellos que sufran por Cristo y por su palabra; y todos los que sean hostigados y azotados por la causa de Aquel a quien pertenecemos todos llegaran a ser como su Hacedor y se sentaran con El en su trono y reinaran con
El para siempre en gloria sempiterna. Para hablar de estas cosas maravillosas usare mis propias palabras, aunque quizás creáis que son de las Escrituras, palabras pronunciadas por otros apóstoles y profetas. Es cierto que otros las pronunciaron antes, pero ahora son mías, pues el Santo Espíritu de Dios me ha testificado que son verdaderas, y ahora es como si el Señor me las hubiera revelado a mí en primer lugar. Por tanto, he escuchado su voz y conozco su palabra.
Hace dos mil años, en las afueras de Jerusalén, había un placentero jardín llamado Getsemaní, a donde Cristo y sus amigos más íntimos solían ir a meditar y orar. Fue ahí que Cristo les enseñaba a sus discípulos la doctrina del reino, y donde se comunicaban con el Padre de todos nosotros, en cuyo ministerio se encontraban, y a quien servían. Ese lugar sagrado, al igual que el Edén que habitó Adán; al igual que el Sinaí de donde salieron las leyes de Jehová; al igual que el Calvario, donde el Hijo de Dios dio su vida como rescate de muchos; esa tierra santa es el lugar donde el Hijo Inmaculado del Padre Eterno tomó sobre sí los pecados de todos los hombres bajo la condición del arrepentimiento. No sabemos, no podemos decir, ni ninguna mente mortal puede concebir la plena importancia de lo que Cristo hizo en Getsemaní. Sabemos que sudó grandes gotas de sangre de cada poro, mientras bebía hasta las heces aquella copa tan amarga que su Padre le había dado. Sabemos que sufrió, tanto en cuerpo como en espíritu, mas de lo que a un hombre le es posible sufrir con excepción de la muerte. Sabemos que de alguna manera, incomprensible para nosotros, ese sufrimiento satisfizo las exigencias de la justicia, rescató a las almas penitentes de los dolores y los castigos del pecado, y puso la misericordia al alcance de aquellos que creyeran en su santo nombre. Sabemos que quedó postrado en el suelo a causa de los dolores y la agonía de una carga infinita, que lo hicieron temblar y desear no tener que beber la amarga copa. Sabemos que un ángel de las cortes de gloria llegó para fortalecerlo en su tribulación, y suponemos que fue el grandioso Miguel, quien inicialmente cayó para que el hombre fuese. Hasta donde nos es posible averiguar, esa agonía infinita, este sufrimiento incomparable, continuó durante unas tres o cuatro horas. Después de esto, con el cuerpo torturado y desfallecido, se enfrentó con Judas y los otros demonios mortales, algunos del mismo Sanedrín, y se le llevó preso con una soga en el cuello, cual si fuera un criminal, para ser juzgado por los criminales que como judíos ocupaban el asiento de Aarón y como romanos ejercían el poder del César. Lo llevaron ante Anás, Caifás, Pilato, Heródes, y de nuevo ante Pilato. Fue acusado, maldecido y golpeado; la saliva inmunda de sus verdugos le corría por la cara, mientras los golpes perversos debilitaban aun más su cuerpo dolorido. Con varas de ira le azotaron la espalda, y la sangre surcó sus mejillas cuando le colocaron una corona de espinas en su frente temblorosa. Por encima de todo, lo azotaron cuarenta veces menos una con un látigo de múltiples correas de cuero, en las que habían entretejido huesos afilados y metales cortantes pero El se levantó de su sufrimiento para morir ignominiosamente sobre la malvada cruz del Calvario. Después cargó su propia cruz hasta tropezar por el peso, el dolor y la intensa agonía. Finalmente, en un cerro llamado Calvario, que también se encontraba en las afueras de Jerusalén, mientras sus discípulos contemplaban impotentemente al Salvador y sentían en carne propia una intensa agonía, los soldados romanos lo colgaron en la cruz. Con grandes mazos le atravesaron los pies, las manos y las muñecas con enormes clavos. Verdaderamente fue herido por nuestras transgresiones, magullado por nuestros pecados. Después elevaron la cruz para que todos pudieran verlo, maldecirlo y mofarse de El, lo cual hicieron ponzoñosamente durante tres horas, desde las nueve de la mañana hasta el mediodía. Entonces los cielos se oscurecieron y las tinieblas cubrieron la tierra durante tres horas, tal como sucedió entre los nefitas. Se desató una gran tormenta, como si el mismo Dios de la Naturaleza estuviera agonizando. Y en realidad así era, pues, colgado en la cruz durante otras tres horas, desde el mediodía hasta las tres de la tarde, volvió a vivir la agonía infinita y los dolores despiadados de Getsemaní. Y por ultimo, después de sufrir los estragos de la agonía expiatoria, después de ganar la victoria y de haber cumplido la voluntad del Padre en todas las cosas, dijo: "Consumado es" (Juan 19:30), y voluntariamente entregó el espíritu. Cuando la paz y el consuelo de una muerte misericordiosa lo libró de las penas y pesares de la mortalidad, entró en el paraíso de Dios. Después de haber entregado su alma como ofrenda por el pecado, estaba preparado para ver su linaje, según la palabra mesiánica (véase Is. 53: 10) .Esta, que incluía a todos los santos profetas y los santos fieles de épocas pasadas, todos los que habían tomado sobre si el nombre de Cristo y quienes, habiendo nacido espiritualmente de El, se habían convertido en sus hijos e hijas, tal como sucede con nosotros; todos estos se hallaban congregados en el mundo de los espíritus para ver Su rostro y escuchar Su voz. Después de aproximadamente treinta y ocho o cuarenta horas o tres días según la medida de los judíos, nuestro Bendito Señor llegó a la tumba del arimateo, en donde Nicodemo y José de Arimatea habían colocado su cuerpo parcialmente embalsamado. Luego, en una manera incomprensible para nosotros, volvió a tomar ese cuerpo que aun no había experimentado corrupción, y se levanto en esa gloriosa inmortalidad que lo hacia semejante a su Padre resucitado. Entonces recibió todo el poder del cielo y de la tierra, obtuvo la exaltación eterna, se apareció a María Magdalena y a muchos mas, y ascendió a los cielos para sentarse a la diestra de Dios el Padre Todopoderoso, para reinar para siempre en gloria eterna. Su resurrección de entre los muertos al tercer día fue la culminación de la Expiación. De nuevo, en una manera incomprensible para nosotros, los efectos de esa resurrección son transmitidos a todos los hombres, de manera que todos se levantaran de la tumba. Así como Adán trajo la muerte, Cristo trajo la vida; así como Adán es el padre de la mortalidad, Cristo es el Padre de la inmortalidad. Y sin ambas, mortalidad e inmortalidad, los hombres no pueden labrar su salvación y ascender a aquellas r cumbres mas allá de los cielos en donde los dioses y los ángeles moran para siempre en gloria eterna. Ahora, la expiación de Cristo es la doctrina mas básica y fundamental del evangelio; y de todas las verdades reveladas, es la que menos comprendemos. La mayoría de nosotros tenemos un conocimiento superficial y dependemos de la bondad del Señor para ayudarnos a superar las tribulaciones y los peligros de la vida. Pero si hemos de tener la fe de Enoc y de Elías, debemos creer lo que ellos creyeron, saber lo que sabían y vivir como vivieron. Quisiera invitaros a que os unáis conmigo para obtener un conocimiento firme y verídico de la Expiación. Debemos dejar a un lado las filosofías de los hombres y el conocimiento de los sabios y dar oído a ese Espíritu que senos da para guiarnos a toda verdad. Debemos escudriñar las Escrituras y aceptarlas como la voluntad y voz del Señor y el poder mismo de El para obtenerla salvación. Al leer, meditar y orar sobre estas cosas, percibiremos una visión de los tres jardines de Dios, el de Edén, el de Getsemaní y el del sepulcro vacío, en donde Cristo se le apareció a María Magdalena. En el Edén veremos todas las creaciones en su estado paradisíaco sin muerte, sin procreación, sin experiencias probatorias. Llegaremos a saber que tal creación, ahora desconocida para el hombre, fue el único medio que daría lugar a la Caída. Veremos entonces a Adán y a Eva, el primer hombre y la primera mujer, descender de su estado de gloria inmortal y paradisíaca para convertirse en la primera carne mortal sobre la tierra. La mortalidad, que incluye la procreación y la muerte, entrara al mundo. Y a causa de la trasgresión, dará comienzo a un estado probatorio de tribulación y prueba. Después, en el Getsemaní, veremos al Hijo de Dios rescatar al hombre de la muerte temporal y espiritual que recibió como consecuencia de la Caída. Y finalmente, ante un sepulcro vacío, llegaremos a saber que Cristo nuestro Señor rompió las ligaduras de la muerte y reina para siempre triunfante sobre el sepulcro. De esta manera, la Creación es autora de la Caída; y mediante esta vinieron la mortalidad y la muerte; y por Cristovinieron la inmortalidad y la vida eterna. Y ahora, en lo que concierne a esta expiación perfecta, realizada mediante el derramamiento de la sangre de Dios, testifico que tuvo lugar en Getsemaní y en Gólgota. Y con respecto a Jesucristo, testifico que es el Hijo del Dios viviente y que fue crucificado por los pecados del mundo. El es nuestro Señor, nuestro Dios y nuestro Rey. Esto lo se por mi mismo, independiente de cualquier otra persona. Soy uno de sus testigos, y en un día cercano palpare las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies y bañaré sus pies con mis lágrimas. Pero en ese momento mi conocimiento no será más firme de lo que actualmente lo es, de que El es el Hijo Todopoderoso de Dios, que es nuestro Salvador y Redentor, y que solamente recibimos la salvación mediante su sangre expiatoria. Dios permita que todos andemos en la luz, tal como Dios nuestro Padre, a fin de que, de acuerdo con las promesas, la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpie de todo pecado. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

(Bruce R. McConkie dio este mensaje el día 6 de abril de 1985, falleció dos semanas después)Disponible en mp3 (ingles)

8/11/07

Debemos de ser como niños.

De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Para los que no entendieron este escritura...
una imagen vale más que mil palabras. jajajaja

7/11/07

Estadísticas de la Iglesia

Miembros : 12,868,606
Misiones : 344
Misioneros: 53,000
Centros de Capacitacion Misional (MTC): 17
Templos: 124
Congregaciones: 27,475
Universidades y Escuelas: 4
Estudiantes de Seminario: 362,756
Estudiantes de Instituto: 358,516
Centros de Historia Familiar: 4,500
Número de Paises con Centros de Historia Familiar: 70
Paises que reciven ayudas humanitarias: 163
Donaciones ecónomicas para ayudas humanitarias desde 1985: 201.000.000 €
Valos de material para asistencia humanitaria desde 1985: 705.000.000 €
Misioneros de servicio de bienestar ( Incluido servicios humanitarios ) 3,552
Número de lenguas editados en la Iglesia 178

Élder Henry B. Eyring

Salt Lake City, 6 de octubre de 2007



El Élder Henry B. Eyring
fue llamado como Segundo Consejero en la Primera Presidencia





El llamamiento del Élder Henry B. Eyring, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles fue anunciado esta mañana, en la primera de las cinco sesiones de la Conferencia General Semianual Nº177 de la Iglesia. Más de 20.000 personas estuvieron presentes en el Centro de Conferencias en el centro de la ciudad de Lago Salado. Varios millones siguieron la reunión vía satélite en los centros de estaca de todo el mundo y por internet.

Con una sonrisa brillante y un toque de emoción, el Presidente Henry B. Eyring describió su llamamiento a la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, como "personal y dulce - un momento en el que sintió gozo y un acercamiento al Señor, y al mismo tiempo, no estar preparado para tanta responsabilidad". El Presidente Eyring hizo comentarios a los reporteros durante una conferencia de prensa televisada el sábado, solo horas después de haber sido sostenido por los miembros a nivel mundial de la Iglesia como el nuevo segundo consejero de la Primera Presidencia de la Iglesia. El cubre la posición del Presidente James E. Faust, quien falleció en agosto, a los 87 años de edad.

Junto al Presidente Eyring estaba el Elder Quentin L. Cook, quien fue sostenido por los miembros de la iglesia como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, cubriendo el lugar que dejó el Presidente Eyring en el Quórum.Ambos dijeron que recibieron sus llamamientos para servir como líderes de la Iglesia el jueves último. El Presidente Eyring dijo que recibió una llamada telefónica del Presidente de La Iglesia, Gordon B. Hinckley, quien le preguntó si estaba dispuesto a unirse al El y al Presidente Thomas S. Monson en la Primera Presidencia. “Fue la manera más maravillosa de extender un llamamiento, que vino del Señor”, dijo el Presidente Eyring.

El Pte. Eyring se emocionó al hablar de reemplazar al Presidente Faust. “No sólo era un querido amigo, sino un modelo”, dijo. Mas tarde describió una oportunidad en la que hablaban con otra Autoridad General, y dijo, “Siempre quise ser como él (Pte. Faust) mientras crecía.”

Cuando se le preguntó sobre cómo su formación educativa, su MBA y Ph. D en Harvard, podría afectar su trabajo en la Primera Presidencia, el Presidente Eyring de repente se emocionó, mientras relataba sus observaciones en cuanto a la toma de decisiones en los niveles más altos del liderazgo en la Iglesia.En 1971, como el nuevo presidente de lo que antes era el Ricks Collage (ahora BYU-Idaho), sentado en la primera reunión que presenciaba con la Mesa educativa de la Iglesia, observaba como académico el proceso de toma de decisiones de grupo. Inicialmente consideró la discusión como “un encuentro sumamente extraño”
“Ahí estaban los profetas de Dios, y discrepaban de una manera que nunca se vería en los negocios,” donde los participantes usualmente ceden ante el presidente de la empresa. “Pensé que las revelaciones vendrían a ellos y todos verían las cosas de la misma manera. No se parecía a nada de lo que había visto al estudiar pequeños grupos de negocios”.
Después de un tiempo, los hombres empezaron a encontrar puntos en los que estaban de acuerdo, y él creyó haber presenciado un “milagro de consenso”. Esperando que el entonces Presidente de la iglesia, Harold B. Lee, anunciara una decisión consensuada, se maravillo al oírlo posponer la discusión después de percibir que “alguien en la habitación no estaba tranquilo”.
Más tarde, observó que uno de los miembros del Quórum de los Doce se acercó al Presidente Lee y le agradeció. Con emoción el Presidente Eyring dijo que recordaba haber pensado “Las cosas son distintas aquí. Esta iglesia es lo que afirma ser, la verdadera Iglesia de Jesucristo. La revelación es real aquí...”
“El Presidente Lee me enseño una gran lección: que podemos ser abiertos, directos y hablar sobre diferencias de una manera que no se puede en ningún otro lado. Nadie esta tratando de ganar o hacer que nuestras discusiones predominen. Solo queremos hacer y decir lo correcto”
El Presidente Eyring, es hijo de Henry y Mildred Bennion Eyring, nació el 31 de mayo de 1933 en Princeton, dónde vivió hasta 1940, año en que con su familia se mudó a Salt Lake City. Su padre fue un reconocido investigador científico.
El 3 de octubre de 1992 fue llamado a servir en el Primer Quórum de los Setenta y el 1 de abril de 1995 fue llamado al Quórum de los Doce, cubriendo la vacante creada cuando el Pte. James E. Faust fue llamado como segundo consejero en la Primera Presidencia.
El élder Eyring ha servido en el puesto de Comisionado de Educación de la Iglesia desde septiembre de 1992. Anteriormente sirvió de Primer Consejero del Obispado Presidente desde abril de 1985 hasta septiembre de 1992 y como Comisionado de Educación de la Iglesia desde septiembre de 1980 hasta abril de 1985.
Fue rector del Colegio Universitario Ricks, de Rexburg, Idaho, desde 1972 hasta 1977. Fue miembro de la facultad de la Escuela de Graduados en Asuntos Empresariales de la Universidad Stanford desde 1962 a 1971.
Posee una licenciatura en física de la Universidad de Utah y una maestría en Administración de Empresas, así como un doctorado en ese mismo campo, ambos de la Universidad Harvard.Con su esposa, Kathleen Johnson Eyring, tiene cuatro hijos y dos hijas.

Élder Quentin L. Cook

Salt Lake City, 6 de octubre de 2007



El Élder Quentin L. Cook
fue llamado como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles




Fue sostenido durante la primera sesión del sábado de la Conferencia General Semianual Nº 177. Era miembro del Primer Quórum de los Setenta y cubre la vacante generada por el Pte. Eyring al ser llamado como segundo consejero en la Primera Presidencia.El nuevo apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dijo sentirse "humilde y abrumado por sus nuevas responsabilidades".

Nació en Logan y tiene 67 años. Se graduó en la Universidad de Utah en ciencias políticas. Es abogado, graduado en 1966 en la Escuela de Leyes de Stanford. El Élder Cook ha viajado por todo el mundo como autoridad general, vivió en Filipinas por dos años y en las islas del Pacífico por otros tres, mientras servía como presidente del área. Sirvió también como presidente del Area Norteamérica Noroeste.

6/11/07

Emma Hale Smith

Emma Hale Smith, esposa de José Smith, fue la primera presidenta de una de las organizaciones más antiguas y más grandes del mundo, la sociedad de socorro de la Iglesia mormona.
Emma Hale nació en Pennsylvania en 1803, 15 años antes de que Illinois se convirtiera en estado. Alrededor de 1825, José Smith hijo, se alojó en la casa de Isaac Hale, el padre de Emma. José propuso casarse con Emma, pero Isaac Hale lo rechazó y no dio su aprobación. Emma y José regresaron al estado de Nueva York a la casa de José, donde se casaron en 1827.
Durante el mismo tiempo, José afanosamente comenzó a traducir revelaciones del Libro de Mormón. Las revelaciones de José y las enseñanzas se convirtieron en la fundación de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. José fue el líder de la Iglesia. En 1830, a Emma se le asignó la tarea de compilar un grupo de himnos en lo que fue el primer himnario.
Durante la siguiente década, José, Emma y los creyentes mormones se fueron de Nueva York a Kirtland, Ohio, al oeste de Missouri, y en 1839 a Nauvoo, Illinois. En algunos otros lugares los santos se alojaron por cortos periodos de tiempo. Se iban para escapar de conflictos violentos con sus vecinos no- mormones.
Esos años ciertamente fueron tiempos de prueba para Emma. Además de los cambios de lugar, las amenazas de violencia y los arrestos de José, varios de los hijos de Emma y José murieron durante la infancia. Emma tenía gran influencia en los asuntos de la casa. Ella tomaba inquilinos en la casa para proveer un ingreso adicional. En 1842, ella visitó al gobernador Carlin de Illinois e intentó persuadir al gobernador de la ilegalidad de la persecución de José por el estado de Illinois.
Los mormones construyeron Nauvoo y fue una de las más grandes ciudades de Illinois. En 1842, José, como líder de la iglesia mormona, estableció la sociedad de socorro para ayudar al enfermo y al pobre. Emma fue la primera presidenta de la sociedad inicialmente compuesta de 20 mujeres. Emma dijo en ese momento: " Vamos a hacer algo extraordinario". En 1997, la sociedad logró una membresía de casi 4 millones y continúa con su misión original de ayudar al enfermo, al pobre y a los necesitados.
Los desacuerdos entre los mormones, sus vecinos y el gobierno de Illinois se incrementaron. La animosidad culminó en junio de 1844 con el asesinato del esposo de Emma, José Smith y su hermano Hyrum Smith. Después de los asesinatos, el liderazgo de la Iglesia fue transferido a Brigham Young. Young guió a los mormones fuera de Nauvoo y hacia el oeste, a Utah.
Emma no estuvo de acuerdo con las nuevas doctrinas de la Iglesia mormona. Ella creía que el hijo de José, José Smith III debería liderar la Iglesia, y no apoyaba el matrimonio plural. Emma no se unió en la migración a Utah. Ella se volvió a casar en 1847 con un no- Mormón llamado Lewis Bidamon. Emma crió sus hijos en Nauvoo, se unió a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días reorganizada. Emma murió en Nauvoo en 1879.

Llamamiento de David O. McKay

El presidente George Albert Smith murió el día en que cumplía ochenta y cinco años, el miércoles 4 de abril de 1951, apenas dos días antes de comenzar la conferencia general. Las sesiones del sábado se cancelaron para efectuar el funeral del presidente Smith. La conferencia iba a terminar el domingo, pero se convocó a una asamblea solemne especial para el lunes 9 de abril, en la cual se sostuvo a David O. McKay como noveno Presidente de la Iglesia.Al aceptar el elevado y santo oficio, el presidente McKay testificó: “Nadie puede presidir esta Iglesia sin estar primero en armonía con el que es cabeza de ella, nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Él está a la cabeza. Esta es Su Iglesia. Sin Su guía divina y Su constante inspiración no podemos tener éxito.Con Su guía, con Su inspiración, no podemos fracasar”.

5/11/07

Ayuda Humanitaria de la Iglesia para los afectados del incendio de California.

San Diego 1 November 2007. La familia Riley, de Brentwood Street en Lake Arrowhead, California, es una entre muchas familias que perdieron sus hogares en los estragos de los recientes incendios forestales. Brentwood perdio la batalla contra las llamas y ahora la familia Rileys y otras personas de la comunidad están volviendo a revisar sus pérdidas.
Para ayudarles , a los residentes se les proporcionaron un "Five Pack", una práctica combinación de elementos útiles de hasta cinco personas. Los envases, preparados por miembros dej la Sociedad de Socorro de la estaca de San Bernardino, organización local de mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Dias último día, incluido bálsamo para labios, tejidos, gotas para los ojos, bolsas de basura, polvos, toallitas húmedas para bebés, y otros artículos útiles para las víctimas del incendio.
Según el residente local Charlene Bradley, "los paquetes estaban destinados a los evacuados para cuando regresen a limpiar y arreglar sus hogares. "
La familia Riley distribuyó 90 paquetes a sus vecinos en Brentwood Street.
Michelle Noel, presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca, mencionó la combinación de esfuerzo y actividad desempeñada entre mujeres miembros de la Sociedad de Socorro y hombres de San Bernardino "Ha sido un esfuerzo conjunto", informó Noel. "Vamos a seguir ayudando a las víctimas de los trágicos incendios."
Hasta la fecha, la Iglesia ha mandado cinco camiones cargados de suministros para los evacuados en la zona de San Diego. Mantas y equipos de higiene se dio a los evacuados en la zona de El lago Arrowhead / Running Springs . Unas 13 Iglesias han sido utilizadas como refugios temporales durante la última semana. Nueve camiones algo más pequeños llenos de 16.000 kits de limpieza fueron enviados de Salt Lake City al sur de California. El servicio de emergencia de Bienestar de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se coordina con el gobierno local y otras organizaciones de servicio a la comunidad para prestar socorro a las victimas.

2/11/07

Fecha y número de registro de la Iglesia en España

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Editado y publicado por Andres Requena. (Barrio de Valencia)